No se puede

Tengo que reconocer que hay momentos en los que tengo crisis de identidad. Soy luguista, estoy convencida de que hay cambios profundos y que las cosas irán mejorando cada vez más (a pesar, incluso de alguna gente de su primer anillo). Me encantaría que Lugo continúe este proceso iniciado en 2008 y que tuviera 5 años más para consolidar los cambios.

Pero si hay una cuestión en donde lo estipulado por la constitución no es opinable es en el tema de la enmienda y la reelección. NO SE PUEDE ESTABLECER LA REELECCION POR MEDIO DE LA ENMIENDA!!!! Y eso lo decía el mismo Lugo en el 2006!!

Cuando escucho a mi líder de toda la vida, Aníbal Carrillo Iramain, intentado justificar esta incoherencia, quiero llorar. No se puede Aníbal, y no hace falta ser jurista para saberlo. Nononono, no se puede.

Qué parte de: ¨No se utilizará el procedimiento indicado de la enmienda, sino el de la reforma, para aquellas disposiciones que afecten el modo de elección, la composición, la duración de mandatos, las atribuciones de cualquiera de los poderes del Estado¨ es la que no se entiende o es opinable?

No pueden pues ser tan caraduras. Ustedes no!!!!!!

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Felices 200 años mi querido Paraguay!

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Una mirada al bicentenario

El nuestro es un país joven. Sus 200 años lo hacen casi un adolescente en comparación con las historias y culturas milenarias de Europa y Asia. Sin embargo, este bicentenario debe ser considerado un hito, el cual tendremos que aprovechar para analizar las acciones del pasado y planificar el futuro, para consolidar una vida más próspera para los habitantes de este suelo.

Cuarenta y ocho presidentes, dos guerras grandes devastadoras con países vecinos, la dictadura más larga de Latinoamérica, un partido con más de 60 años en el poder y una larga transición democrática que apenas culminó en el 2008 (casi dos décadas después del derrocamiento del dictador), forman parte ya de manera indeleble de nuestra historia patria.

Gente poco acostumbrada a la libertad, conformista y con miedo a los grandes cambios, la ciudadanía paraguaya ha ido transitando este proceso mirándolo desde lejos primero, e involucrandose de a poco, después, llegando a tener una participación decisiva en los hechos que contribuyeron a consolidar el proceso político nacional.

Es imprescindible echar una mirada al pasado para entender el carácter del paraguayo, una persona que habla en español pero piensa en guaraní, lo que le da una imagen ambivalente muy difícil de entender para quienes llegan de fuera.

Un poco de historia

Los próceres de mayo nos confirmaron lo que ya nos habían enseñado nuestros antepasados guaraníes, que es mejor solucionar los conflictos con la negociación que con el enfrentamiento. Esta es una constante a lo largo de casi toda nuestra historia, desde que los primeros españoles se encontraron con indígenas dispuestos a concertar acuerdos, aceptando la nueva cultura pero negándose a perder la suya. Con los jesuitas y franciscanos pasó lo mismo. Ambas congregaciones tuvieron que aprender el idioma nativo y respetar su arte y su cultura para poder evangelizarlos. Debe ser ése uno de los motivos por los cuales el guaraní es el único idioma nativo que sobrevivió con estoicismo durante todos estos siglos, pasando de generación en generación y conservándose como lengua materna de una ciudadanía que pocas veces ha mostrado tanta tozudez en otras cuestiones.

Los próceres, decíamos, hicieron lo mismo que sus antepasados. El levantamiento de Mayo de 1811 fue firme, pero pacífico. Allí no corrió sangre (ya había corrido suficiente unos meses antes con la incursión del ejército argentino comandado por Manuel Belgrano, que intentó convertir a nuestro país en una provincia del suyo). De la mano y la mente sagaz de Gaspar Rodríguez de Francia, se logró que el gobernador Velazco depusiera las armas y aceptara integrar un triunvirato que tuvo corta vida, apenas la necesaria para que las fuerzas españolas perdieran el interés en reaccionar.

La decisión de Francia de aislar al país durante su mandato de dos décadas, hizo que durante mucho tiempo después lleváramos colgado el sambenito del aislamiento como país. Esto se notó durante la dictadura de Alfredo Stroessner, ignorada por organismos internacionales que se manifestaban y presionaban a otros gobiernos dictatoriales vecinos nuestros, sin fijar la vista en nuestra situación. Nos convertimos en una isla de la que poco a poco fuimos saliendo durante la transición. Por si fuera poco, uno de los primeros atisbo de nuestra existencia que tuvo la comunidad internacional, fue con el nefasto título de “campeones de la corrupción” que nos dieran organismos como Transparencia Internacional.

Si bien se nos hizo cuesta arriba ser reconocidos y respetados como país, sí hemos tenido desde siempre individualidades que dejaron bien en alto el nombre de Paraguay en el mundo en diferentes ramas: el arte, la música, el deporte. Paraguayos y paraguayas, como Agustín Barrios, Augusto Roa Bastos, Víctor Pecci, Arsenio Erico, Berta Rojas o Luis Szarán, por citar apenas a unos pocos, han dejado grabado el nombre de nuestro país en los escenarios artísticos o deportistas más exigentes. Y extranjeros que asumieron esta patria como suya, como Rafael Barret y Josefina Plá, lograron que en muchos lugares se empezara a hablar de Paraguay en forma positiva.

Individualidades destacadas y reconocidas, sí. Somos un pueblo al que todo lo colectivo le costó mucho esfuerzo siempre. Ese nacionalismo que vemos en otra gente, que la impulsa a destacar siempre el nombre de su país, en nosotros ha permanecido dormido durante mucho tiempo, quizás como consecuencia de los largos años de dictadura en donde el “sálvese quién pueda” era una premisa aceptada y asumida por todos. En Paraguay, durante demasiado tiempo, cada quien debía consolidar su presente y labrar su futuro en forma individual, con la familia como único norte. Nación y patria eran conceptos lejanos, poco involucrados en la realidad del día a día.

Pero precisamente durante la dictadura que exacerbó el individualismo nacional, fue cuando empezaron a brotar las primeras manifestaciones colectivas, casi todas de resistencia, y si bien no tuvieron mucho peso en la caída del régimen, sí lo tuvieron en los años de la transición, cuando la participación ciudadana se convirtió en un elemento clave de los cambios, grandes unos, casi desapercibidos otros, en los que se basó la consolidación de este largo y penoso proceso. El punto más álgido de este sentimiento colectivo se vivió en el llamado “Marzo Paraguayo” de 1999, cuando una manifestación de jóvenes, campesinos, docentes y ciudadanía toda, logró hacer caer al entonces presidente de la República, Raúl Cubas Grau, luego de 5 días y 8 muertos (el vicepresidente Luis María Argaña y 7 jóvenes manifestantes). Más allá de las decepciones posteriores, lo destacable es que durante esa semana se aprendió que la ciudadanía paraguaya estaba en condiciones de actuar solidaria y colectivamente en pos de un bien común.

Y ahora, ¿qué?

Luces y sombras; avances y retrocesos. La nuestra no es diferente a la historia de cualquier nación que surge por el empuje y la valentía de unos pocos y debe luego bregar para afianzarse como tal, aprendiendo el arte de la convivencia sobre la marcha, probando y corrigiendo normas que nos obliguen a respetarnos y adquiriendo sentido de pertenencia con el paso del tiempo.

Ese orgullo de ser paraguayos que hasta hace poco solo nos hacían sentir los goles de la Albirroja, poco a poco ha ido ganando espacio y hoy por hoy se manifiesta colectivamente por diferentes motivos, como el hecho de que nuestro país haya sido catalogado como el de mayor crecimiento económico de la región durante el 2010. Los cambios políticos ocurridos durante los últimos años, si bien no demostraron ser todo lo rápidos que hubiéramos querido, nos dan la sensación de que hay un nuevo Paraguay que está naciendo de los cimientos, que basa su consolidación en la educación ciudadana.

Las cartas están echadas. El país está avanzando a pesar de los agoreros, los nostálgicos y los retardatarios. Por cada 10 funcionarios públicos planilleros, hay 1.000 maestras que enseñan sin contar con un rubro en el Presupuesto General de la Nación; por cada 100 corruptos, hay 100.000 paraguayos y paraguayas honestos, que trabajan por ellos, por sus hijos y por su sociedad. Por cada 100 bandas de delincuentes, hay 50.000 asociaciones barriales que pelean por lograr una vida más digna y más sana en su comunidad. El cambio está en marcha y ya no habrá retrocesos posibles. Para que se consolide es preciso contar con la firme decisión ciudadana de educarse para vencer a las inclemencias e imponerse a los numerosos obstáculos, no mayores a los que debimos enfrentar en estos 200 años de historia. Finalmente, la concreción del sueño de un país justo e igualitario solo depende de nosotros, como siempre.

¡Felices 200 años Paraguay! ¡Y mucho más felices, los 200 años que vendrán!

 

 

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Vergüenza de tener fe?

No suelo participar en debates sobre religión, ni aún ahora con la polémica ley argentina, porque considero que la fe o falta de ella es una cuestión personal y nadie va a cambiar de postura por más larga e intensa que sea la discusión. Estoy convencida de que desde hace unos años, ser ateo es ¨in¨, es ¨cool¨ para la gran mayoría de ellos, aún cuando hay algunos que tienen reflexiones y análisis hechos sobre el tema.

Sin embargo, estoy notando cada vez con más fuerza que hay toda una campaña de agresión hacia todos los que nos manifestamos creyentes. Precisamente esos que hablan de la intolerancia de la Iglesia Católica son los que ahora se muestran absolutamente intolerantes con nuestras creencias. Y lo hacen con una de las peores formas de intolerancia, la burla.

Pero lo que más me llama la atención es que, salvo unos pocos, una gran parte de católicos nos callamos ante esto. A cada rato leemos a diferentes personas, amigos, compañeros en diferentes ámbitos, burlarse de lo que para nosotros es sagrado, tratándonos de anacrónicos, ridículos o términos más duros. Nos invaden, nos atacan, se burlan de nosotros, y pareciera que bajamos la cabeza como si nuestra fe nos avergonzara.

Y no, yo no siento verguenza. Tengo fe, creo en la Divina Providencia, creo en el Espíritu Santo y me siento una persona bendecida por ello. Allá ellos, los que no tienen fe. Pero que no sigan metiendose con la mía porque ya no estoy dispuesta a callar.

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El patriotismo futbolero

¡Qué lástima que el patriotismo paraguayo solo se despierte con el fútbol! Sin restar un ápice a mi fervor albirrojo y al delirio que despierta en todos el ver jugar a la selección, no puedo dejar de lamentarme porque este entusiasmo no se traslade a la vida nacional, ni a las autoridades, ni a los ciudadanos.

Ayer empatamos con Italia y, si bien estuvimos a punto de ganar, ese empate nos hizo terminar el día con una sonrisa. Hubo gente en la calle festejando ese empate con sabor a triunfo. Hoy, uno de los hombres más cuestionados de la última parte del gobierno de Nicanor Duarte Frutos fue electo presidente de la Cámara de Diputados, y la reacción ciudadana fue de absoluta indiferencia.

Más allá de lo lamentable de la presidencia de Víctor Bogado, lo realmente triste es que ganó por un pacto entre sus correligionarios y los liberales, esos mismos que dos años atrás buscaban su desafuero por todos los abusos que cometió mientras estuvo en la telefonica. Tirios y troyanos pactando sobre las esperanzas y el derecho de quienes habitamos este suelo, de contar con gobernantes dignos y consecuentes. Pero a nadie le importó.

Pobre país el mío, que para despertar el patriotismo de su gente, debe renunciar a la tricolor y vestir la albirroja.

(Más allá de mis plagueos, sueño con que ganemos la copa. VAMOS TODAVIA PARAGUAY!!!!)

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¿Cómo resumirlo?

Pasaron 18 meses desde mi último comentario en este blog.  Difícil encontrar la forma de resumir todo lo que ocurrió a mi vida y a mi país en este año y medio. En Agosto de 2008 asumía el primer presidente no colorado en 61 años y el país vibraba de emoción y esperanza. Y yo también entraba por primera vez a la Administración Pública como Directora de Comunicación del MEC.

En ese momento prometí que mantendría la misma coherencia y la misma honestidad que me guiaron durante toda mi vida. Y lo hice. Claro que mi paso por la Administración Pública fue tan efímero (apenas 8 meses) que algunos intentarán denostarme diciendo que simplemente no tuve tiempo de desviar mi accionar.  Por supuesto que se equivocan, ya que cada vez me convenzo más de que me sacaron por querer que todas las acciones del MEC en general y de mi dirección en particular se ciñeran a las reglas con absoluta transparencia.

Desde abril de 2009 mi vida volvió a transitar por el conocido sendero del desempleo, golpeando puertas ofreciendo mis servicios. No fue la primera vez que lo hacía pero reconozco que fue más duro que antes… debe ser la edad que ya me pesa a la hora de tener que andar mendigando algún puesto de trabajo como si mi experiencia y trayectoria no sirvieran para nada.

Ni siquiera en el gobierno, donde (yo creía) ahora estaba “mi gente”, mis amigos, con quienes había compartido experiencias, sueños y lucha, conseguí un puesto. Algunos amigos como Mabel Rehnfeld y Mario Ferreiro intentaron darme una mano pero sin resultados. Después nadie; las respuestas que recibí fueron de indiferencia algunas y humillantes otras. Nadie tenía un puesto para mí.

Después de 5 meses de angustia, mi amigo René Horvath, ingeniero ambientalista, me lanzó un desafío: “y si unimos tu experiencia periodistica y la mía en el mundo ambiental y hacemos una revista sobre Medio Ambiente?”. Parecía una quijotada pero aún así empezamos a reunirnos desde septiembre.

Y hoy, Ecosistema es una realidad. Por primera vez estoy haciendo algo mío y me estoy metiendo en el fascinante mundo de la ecología. El segundo número de la revista va camino a la imprenta y me siento llena de satisfacción. Se más que nunca que pronto empezaré a ver sus frutos.

Así que ya no soy funcionaria pública. Por lo visto, este gobierno tampoco me merece… ahora soy empresaria de un medio de comunicación. Salí ganando con el cambio.

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Tiempo de cambio

Toda mi vida trabajé en el sector privado. A lo largo de mis años laborales recorrí varias empresas y medios de comunicación y fueron varias las ocasiones en las que me despidieron, específicamente de estos últimos, por no querer arriar las banderas que hice mías, como la coherencia y la honestidad.

Siempre fui una dura crítica del sistema. Estoy convencida de que los graves vicios que hoy tiene la sociedad paraguaya son producto de los años de desgobierno que empezaron con Alfredo Stroessner y persistieron con sus sucesores. El régimen colorado hizo del prebendarismo y la corrupción una forma de vida. Sus exponentes intentaron convencernos de que el que no se aprovechaba vendiendo hasta su conciencia, era un vyro que no merecía respeto.

Pagar por favores, encontrar recovecos para violar la ley se convirtieron en estas décadas en formas de supervivencia para muchos compatriotas. Los que nos resistimos tuvimos que acostumbrarnos a vivir en un país muy diferente, con reglas duras, pocos ingresos y ningún futuro. Fue nuestro castigo por no aceptar las reglas del juego dictadas por los sinvergüenzas.

Ver la prepotencia y la haraganería de muchos funcionarios públicos que debían haber servido a la ciudadanía era ofensivo para quienes solo pretendíamos un trabajo digno y responsable que nos permitiera sobrevivir y mantener a nuestras familias. Esa era la ley en los gobiernos colorados y sus seguidores la cumplieron a rajatabla y se aprovecharon de ella.

Que hubo funcionarios honestos y trabajadores? No tengo ninguna duda. Pero no fueron la mayoría. Casi todos solo utilizaron la función pública para beneficiarse y enriquecer a su entorno a costa de las arcas del Estado.

Apoyé desde el comienzo la candidatura de Fernando Lugo porque me convenció no solo de que era el único que podía ganar a los colorados, sino que con esfuerzo podía darme por lo menos el inicio de ese país que me merezco y merecen quienes no han transigido en sus principios. Y en todo momento manifesté que si este gobierno me convocaba, estaría dispuesta a trabajar con el por el país.

Y me convocó. Mañana asumo como Directora de Comunicación del MEC. Me han llamado porque confían en mi trabajo, mi honestidad y mi trayectoria. Por primera vez, en mis 51 años de vida, estaré en la vereda de enfrente. No tengo ninguna experiencia en el ámbito público y eso me asusta un poco. No se aún con qué monstruo me voy a enfrentar pero se que está allí, y se también que lo voy a vencer. Porque a mi inexperiencia antepondré mi decisión de hacer bien las cosas con el espíritu de siempre, con la honestidad y la coherencia de siempre.

Se que habrá algunos que se regodearán dándome el mote de zoquetera. Lo harán quienes mientras tuvieron en sus manos el poder de trabajar por el país prefirieron aprovecharse de el y siempre se molestaron por mis críticas. No me importa. Jamás seré zoquetera. Soy una persona honesta y me siento orgullosa de serlo. Ya estoy muy vieja para cambiar de banderas.

Aquí estoy, dando la cara como la di siempre, aún en tiempos oscuros. Este es un nuevo tiempo para mi país y me honra saber que formaré parte de la gente que trabajará porque sea mejor para todos. Se que cometeremos errores, se que yo los cometeré. Pero aprenderé de ellos y me fortalecerán, porque señores, a pesar de las voces amargadas de quienes lloran la pérdida de sus privilegios, el nuevo Paraguay ya se ha puesto en marcha.

Y nadie podrá detenerlo.

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Un premio emblemático

Una de las formas modernas de atacar a la libertad de prensa es a través de la publicidad estatal. Cuando el Estado premia o castiga a un medio chantajeándolo con su publicidad, está apelando a la censura aunque no lo aparente. Pero a diferencia de la censura que existía en la época de la dictadura, esta es aún más vil porque requiere de la complicidad de la otra parte.

El gobierno de Nicanor Duarte Frutos utilizó la publicidad de Itaipú y Yacyretá en forma desvergonzada para evitar investigaciones serias sobre las hidroeléctricas y el abuso de los fondos sociales. Y consiguió su objetivo ya que el botín era lo suficientemente interesante como para que los medios se dejen seducir por esa plata dulce que les llegaba casi de arriba y algunos, incluso, basaron en ella su supervivencia.

En el momento en el que la publicidad estatal se enseñoreaba con más fuerza y poder en varios medios y periodistas, Mabel Rehnfeldt decidió enfrentar al monstruo y atacó de frente al hombre fuerte de Itaipú, el socio y protegido del presidente, Víctor Bernal.

A lo largo de sus investigaciones recibió todo tipo de amenazas… y ningún apoyo de la gran mayoría de sus colegas. Esto tenía lógica porque al fin y al cabo ella estaba atacando intereses que nada tenían que ver con la misión del periodismo sino con el enriquecimiento fácil e irresponsable. Sin que nadie lo dijera abiertamente, Mabel se convirtió en una piedra en el zapato de varios periodistas, algunos de los cuales se dedicaron a blanquear a Bernal dándole entrevistas donde el pudo defenderse pretendiendo envilecer la investigación.

Salvo el diario en el que se publicó la serie, ni la prensa se hizo eco ni la justicia tuvo interés en investigar los numerosos documentos que ella fue arrimando a lo largo de su investigación. Y cuando parecía que era un trabajo más que iría a parar al basurero, sin pena ni gloria y sin justificar las presiones, la angustia y el miedo, una organización internacional decidió premiarla por la mejor investigación periodística realizada en Latinoamérica.

El premio de Transparencia Internacional para Mabel Rehnfeldt ratifica que ella estuvo en el camino correcto, que el silencio cómplice no logra acallar la verdad y por sobre todo, que siempre hay gente, cerca o lejos, que está dispuesta a valorar un trabajo valiente y bien hecho.

Me encantaría saber qué estarán pensando en este momento todos esos periodistas seudo valientes y democráticos que cuando debían apostar a la verdad y la transparencia, decidieron pensar en sus arcas personales. ¿Sentirán vergüenza? No lo creo, esos hace rato perdieron cualquier rastro de vergüenza.

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Se equivoca

 Que la prensa nacional ha cometido excesos y abusos en estos largos años de transición es cierto, pero no es menos cierto que muchos grandes negociados o abusos de poder han llegado a conocimiento de la ciudadanía a través del trabajo de esforzados y valientes periodistas que han vencido el temor a las presiones y amenazas.

Siempre se ha dicho que son preferibles los excesos de la prensa que un país sin libertad de prensa. Esta última es la única que garantiza un mínimo grado de racionalidad y control en nuestros gobernantes, sean estos del color que fueren.

Fernando Lugo ganó porque su mensaje llegó a la ciudadanía y la prensa lo apoyó. Pero se equivoca nuestro presidente si piensa que por haber ganado a los colorados después de 61 años de descontrol, tendrá el aplauso obsecuente y absoluto de los periodistas. No está bien que lo pretenda, no está bien que lo consiga. Es la alerta permanente, es la crítica a lo que está mal, lo que le dará garantía y aval para hacer bien las cosas.

Al fin y al cabo, ¿cuál habría sido la historia si la prensa no denunciaba que su pariente y el de Franco habían obtenido altos cargos en Yacyretá? Si nada se sabía, ¿se les hubiera permitido continuar? Si los nuevos gobernantes pretenden ampararse en el silencio o la ignorancia ciudadana para decidir sus acciones, están equivocando el camino desde el vamos.

Antes que criticar la dictadura de la prensa, Fernando Lugo debe adecuar su actuación y la de su problemática y, parece, ambiciosa familia, a la ley y al Estado de Derecho. Esto le ahorrará problemas y malos tragos.

No es matando al mensajero como impedirá las malas noticias.

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¿Sólo un tropezón?

Toda la esperanza que nos nació el 20 de abril sería vilmente traicionada si las autoridades electas no demuestran su férrea intención de construir un país diferente, con un abierto combate a la corrupción y el clientelismo.

Estos meses de transición hasta agosto son de expectativa y ansiedad. Estamos alertas a las señales que nos envía el nuevo presidente porque pensamos que ellas nos indicarán el tipo de gobierno que hará y si está o no dispuesto a jugarse por un país para todos, como nos prometió durante la campaña electoral.

Quizás pequemos de ansiosos pero es natural. Una gran mayoría no ha vivido bajo un gobierno que no sea colorado y tiene lógica que al cambiar por fin el color del Palacio de López pensemos que el cambio real debe empezar ya, ahora, sin esperar el 15 de agosto.

Por otra parte, es iluso creer que quienes por los resultados deberán morder el polvo de 5 años de llanura, después de 61 de descontrol y abusos, se quedarán tranquilos, lamiendo sus heridas y respetando los resultados. El pueblo colorado tuvo la altura cívica de hacerlo después de las elecciones, pero sus dirigentes siempre fueron algo muy diferente.

Estoy segura de que el nombramiento de parientes del presidente y vicepresidente electos en Yacyretá fue una jugada estratégica de quienes perdieron el poder, para embarrar la cancha y dificultar la tarea de Lugo. Sin embargo, esta jugada tuvo éxito porque encontró en la contraparte a personas lo suficientemente estúpidas o ambiciosas que se prestaron. Si los parientes hubieran dicho que no, Nicanor, Galaverna y compañía se hubieran quedado con las ganas. Esto no es nuevo, la deshonestidad de unos siempre se ha nutrido de la estupidez o la ambición de los otros.

Pero todo esto no sería más que  una simple anécdota, un intento ridículo de los sinvergüenzas, si Fernando Lugo hubiera tenido la firmeza de desautorizar a su pariente y exigir su renuncia inmediata. Todos esperamos que nuestro presidente tenga esa firmeza. Los tiempos que se le vienen encima serán duros, los chacales estarán cada vez más atentos para atentar contra su gobierno con trampas y señuelos. El debe ser fuerte, debe ser tajante, sin cortapisas. Es la única posibilidad de que haga un buen gobierno, uno que beneficie a todos los paraguayos.

Por el momento, con su tibieza  y casi complacencia al desentenderse del problema, está aplazado. Ojalá que esto no haya sido nada más que un pequeño tropezón. Ojalá, de corazón.Â

Marilut Lluis O’Hara

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